Leo no es un niño real: la fotografía ha sido generada por IA, así que en esta página no aparece la foto de ninguna familia. El libro sí es real: se hizo aquí, igual que se hará el tuyo.
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La primera página del libro que recibimos
- Leo, 3 añosel peque de la foto
- Aladino y la lámpara maravillosaelegido de la biblioteca de cuentos
- 10 páginascada una dibujada para este libro
- Una fotono se ha subido nada más
Cómo se ilustró este libro
- Estilo de imagenIlustrado
- Intensidad de la ilustraciónMedia
- Estilo de ilustraciónCuento clásico
Cada página del libro de Leo
El mismo rostro de la primera página a la última, pintado con un único estilo. Estas son las páginas tal como quedaron.
Leo se abría paso por el mercado, ruidoso y lleno de colores, con los bolsillos vacíos y sin perderse detalle. Admiró una pirámide de dátiles pegajosos, cuencos azules y campanillas tintineantes. Aunque no tenía monedas, Leo se sentía rico en maravillas. Leo vio a un desconocido con una capa oscura junto a un aro de hierro en las losas del suelo. El desconocido le tendió una moneda de plata y dijo: «Tráeme una cosita de la cueva de abajo». Leo miró la moneda y luego el aro, escuchando con atención. Leo pronunció la palabra secreta que el desconocido le había susurrado. Una puerta de piedra se abrió con un gran chirrido en la colina rocosa, y una cálida luz dorada subió desde abajo. Leo respiró hondo y miró los escalones resplandecientes. Bajo el mercado, Leo encontró una cueva que brillaba con tesoros antiguos. En el centro había una lámpara vieja, pequeña y sencilla, cubierta de polvo. Leo se arrodilló bajo un rayo de sol y la limpió con la manga. ¡Fuuu y vuum! Un genio salió de la lámpara de Leo entre humo y remolinos. «Puedo concederte tres deseos», dijo el genio con una sonrisa amable. Leo lo miró boquiabierto, mientras el humo azul se enroscaba como una nube amistosa. Leo pidió en su primer deseo la cosa más sencilla del mundo: «Por favor, haz que vuelva sano y salvo a mi calle». ¡Fuuuush! Leo apareció otra vez bajo el cielo, abrazado a la lámpara y sonriendo aliviado. Para su segundo deseo, Leo pidió una casa donde su familia pudiera recibir a todo el mundo. En el lugar donde antes había un solar vacío, apareció un palacio resplandeciente. Dentro esperaba un gran banquete, y toda la calle acudió a compartirlo. Un mercader avaricioso oyó hablar de la maravillosa lámpara de Leo e imaginó de dónde venía. Recorrió la calle pregonando: «¡Lámparas nuevas por viejas!». Leo lo vio desde arriba y apretó la lámpara polvorienta contra su pecho, desconfiado. Leo sabía que el mercader quería algo más que una lámpara vieja. Con un susurro a una alfombra voladora, Leo se marchó antes de que la trampa funcionara. Cómodamente sentado, Leo se rio mientras el mercader lo miraba desde muy abajo. Leo miró al genio y supo cuál sería su último deseo. «Ya nos has ayudado bastante», dijo Leo. «Deseo que seas libre». El genio se convirtió en brillantes chispas en el cielo, y Leo agitó la mano para despedirse, con el corazón contento.
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