La primera página del libro que recibimos
Un ejemplo real · El unicornio y el arcoíris
Valeria y los cristales del arcoíris
Siete colores, un pequeño corazón valiente
Hecho aquí a partir de una sola foto de Valeria, de 4 años. Tu hijo también puede ser el protagonista de esta historia: cada página dibujada con su propia cara.
Valeria no es un niño real: la foto ha sido generada por IA.
Pasa las páginas del libro de Valeria
Cómo se ilustró este libro
- NiñoValeria, 4 años
- HistoriaEl unicornio y el arcoíris
- Libro8 páginas, una foto
- Estilo de imagenIlustrado
- Intensidad de la ilustraciónBaja
- Estilo de ilustraciónDibujo luminoso
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Cada página del libro de Valeria
El mismo rostro de la primera página a la última, pintado con un único estilo. Estas son las páginas tal como quedaron.
Valeria, de cuatro años, estaba en una pradera amplia y soleada y miró hacia arriba. Sobre el valle, el arcoíris se curvaba como un puente, con los colores pálidos y desvaídos como la tiza. Valeria escuchó atenta cuando un unicornio tímido salió del borde de la pradera. «Unas nubes de tormenta juguetonas esparcieron siete cristales de colores brillantes», susurró. «Sin ellos, nuestro arcoíris no puede brillar». «Los encontraremos», dijo Valeria con cariño. Valeria se arrodilló junto a un conejito atrapado bajo una rama caída. Levantó el extremo más ligero y lo liberó con suavidad. Un cristal rojo brilló donde el conejito había estado agazapado, y el rojo dio calor al arcoíris. Valeria siguió un sendero de musgo bosque adentro, con el unicornio trotando a su lado. Llegaron a un arroyo cristalino que corría sobre piedras lisas. «¡Las piedras redondas forman un camino!», dijo Valeria. Valeria liberó con cuidado a un cachorro de zorro enredado en los juncos de la orilla. Dos cristales relucían entre las piedras, bajo el agua clara. Emparejó sus formas, los sacó y vio volver el naranja y el amarillo. Valeria oyó a un pajarito piar bajo su nido y lo subió en una hoja hasta una rama baja. Los cuatro últimos cristales brillaban en el hueco musgoso de un viejo árbol. El verde, el azul y el añil se iluminaron en lo alto. Al atardecer, Valeria volvió a la pradera y alzó el último cristal, el violeta, hacia el cuerno inclinado del unicornio. Flotó suavemente hasta su sitio. «Brilla, arcoíris pequeñito», susurró Valeria, con la cara llena de esperanza. Valeria vio cómo brillaba el cuerno del unicornio, y el arcoíris entero floreció en el cielo con todos sus colores a la vez. Luminoso y completo, se curvaba sobre el valle. Valeria sonrió. La bondad había devuelto los colores a casa.
Tu hijo podría ser el próximo protagonista
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